Sin derecho a la indiferencia

En medio de la Barcelona de 1942, que hierve con miles de personas vinculadas al régimen nazi: miembros de las SS, de la Wehrmacht, espías internacionales, fascistas italianos… banderas con la cruz gamada, de fusilamientos en el Campo de la Bota y de una miseria extrema, brilla con luz propia el Hotel Ritz, donde un día llega Bernard Hilda, un hombre que ha atravesado a pie los Pirineos para salvar su vida y la de sus músicos. Conseguirá tocar en el Ritz convirtiéndose en el gran músico de los años 40 en la Barcelona franquista. Es judío, nadie lo sabe. Hay nazis en el hotel, y toca para ellos y tampoco lo saben. Los falangistas piensan que es un espía de los rusos e intentan asesinarlo. A pesar de todo sobrevive, y finalmente, consigue ser respetado.

He leído este libro siguiendo la recomendación de algún inquietante algoritmo de una plataforma de compras on-line, que constantemente me sugiere cosas que piensa que pueden gustarme y que cada vez acierta más, lo que no deja de turbarme. Si hubiese prestado atención a la autora, Pilar Rahola, probablemente hubiese pasado de largo, pero suelo prestar poca atención a estos anuncios y los miro por encima sin mucho interés. En este caso me atrajo el tema. Esta historia real de un violinista y los músicos de su orquesta de jazz y swing que llegan a la Barcelona de postguerra tras huir de la Francia ocupada. He de reconocer que tampoco comencé la lectura con demasiado entusiasmo. Acababa del pestiño que supuso el Kill Club me apetecía algo ameno y entretenido, y repasando los títulos que tengo pendientes pensé que este vendría bien.

Y vino bien, aunque de ameno nada. Me atrapó desde las primeras líneas. Pasadas unas páginas caí en la cuenta de que ignoraba su autor y me sorprendió cuando la ubiqué, porque Rahola no es santa muy de mi devoción. Siempre se ha movido en unos escenarios que me son muy ajenos, cuando no hasta antipáticos, y sus discursos y opiniones nunca me despertaron el más mínimo interés por lo que nunca me acerqué a su faceta de escritora de la que ni tenía, ni tengo referencias.

Una de las cosas que me han enganchado a este libro es el escenario: Barcelona. Una Barcelona, entre los años 1942 y 1945, sórdida, terrorífica, pero en el Ritz hay champán. Están los fusilamientos del Camp de la Bota, la prostitución infantil, el estraperlo, el hambre, las hordas fascistas gritando ‘Viva Hitler, viva Mussolini’.

Una Barcelona, que tal como la presenta y describe la autora me recuerda enormemente a la Casablanca de Curtiz. Me gustan los textos costumbristas y aquellos en que las ciudades, más que el marco son un protagonista más, y en esta novela hay dos protagonistas indiscutibles: Bernard Hilda y Barcelona. Lamentablemente no la conozco. No en persona. Sí bastante a través de Candel, Vázquez Montalbán o Serra i Fabra, y con El espía del Ritz, Rahola completa esta visión personal con una ciudad atravesada por los grandes acontecimientos mundiales, un nido de espías y de destinos cruzados. Una ciudad llena de vida, pero también de muerte y miedo, donde incluso era posible el amor apasionado marcado por los acontecimientos.

Hasta 1945 España fue brutalmente germanófila y en la novela se incide en la red de propaganda nazi desplegada en España que incluso colocó panfletos en hojas parroquiales y peluquerías. Rahola, que afirma que España no entró en la Segunda Guerra Mundial porque los servicios alemanes así lo quisieron, nos describe una época en la que Barcelona recibió la visita de Himmler, y todos los altos cargos nazis y fascistas se encontraban en el Hotel Ritz de Barcelona, y El espía del Ritz mezcla las noches de glamour en La Parrilla del Ritz con las “barrigas hinchadas por el hambre y la acción social de tullidos de la guerra y gente abandonada”.

Al enterarse Bernard Hilda, mientras está en el Ritz, de que la familia de su mujer ha muerto en los campos de exterminio nazis, decide hacer de espía, una tarea tan peligrosa como ineludible, porque no existe el derecho a la indiferencia y en el glamour del Ritz toca música una orquesta de la que nadie sabe que sus músicos son evadidos judíos que han decidido poner cámaras en los instrumentos para hacer fotos a los generales nazis y mandarlas a la resistencia. Generales nazis que el régimen franquista amparó hasta su lecho de muerte.

Actuación de Bernard Hilda y su orquesta en La Parrilla del Ritz

El espía del Ritz es una novela de emociones, de la lucha por la supervivencia y del intento de resistir en un mundo caótico y complejo. Es un libro de vidas y de vida. Una historia en la que hay muchas historias más, centradas en la ciudad pero representativas de todo lo que estaba sucediendo en Europa y el mundo. “En la posguerra, Barcelona era como Casablanca, y la novela quiere ser un homenaje a las redes de ayuda”, ha manifestado Rahola en alguna de las muchas entrevistas que ha protagonizado. Una historia de supervivencia, contada con un lenguaje profundo, ágil y manejado con esmero.

Una historia cuyos ingredientes se mantienen presentes. Baste recordar la deplorable y repugnante intervención del líder de Vox en la sesión de control al Gobierno añorando los gobiernos fascistas de Franco en el Congreso de los Diputados. Una historia que nos advierte de que hasta qué punto acecha el fascismo rampante, ese ángel de muerte a la espera de extender sus alas tenebrosas de oscuridad y tiranía. Una historia que nos recuerda que nosotros, como Hilda, tampoco tenemos derecho a la indiferencia.