Viggo Mortensen y Mahershala Alí en estado de gracia

Victor Hugo Green, un cartero de Harlem, reunía información que le daba)n los carteros que trabajaban con él, primero en Nueva York y luego en todo el país, para elaborar una guía, The Negro Motorist Green Book (“El libro verde del conductor negro”) que recogía hoteles, restaurantes, bares y estaciones de servicio que sí atendían a afroamericanos o en los que no corrían riesgos y que circuló entre 1936 y 1967.

Durante estos años en Estados Unidos estaban vigentes “leyes de Jim Crow” que bajo el lema “separados pero iguales”, imponían la segregación racial en el sur del país, Como consecuencia de estas normas, que se mantuvieron hasta 1965, muchos negocios no recibían a los afroamericanos que en consecuencia no podían compartir espacios públicos con los blancos.

Este catálogo de refugios en un mundo hostil e intolerable constituye la trabazón de Green Book, la película  de Peter Farrelly, que en 2019 obtuvo el Óscar a la mejor película y con la que Mahershala Ali consiguió el de mejor actor de reparto, el segundo tras el que obtuvo en la misma categoría en 2016 por su interpretación de Juan en Moonlight, lo que le convirtió en el primer musulmán en obtener este galardón.

Aunque el conflicto racial está presente a lo largo de toda la cinta, lo hace para establecer el contexto de una historia en torno a la figura de Tony Vallelonga, en la que se unen la intención del guionista Nick Vallelonga (hijo de Tony Vallelonga) de homenajear a su padre y las ganas de de Peter Farrelly por demostrar su valía, al sentirse en gran medida denostado por las comedias disparatadas e irreverentes co-dirigidas con su hermano Bobby como Dos tontos muy tontos (1994), Vaya par de idiotas (1996), Algo pasa con Mary (1998), o Los tres chiflados (2012) entre otras. Algo que ha molestado sobremanera a la familia del pianista que ha llegado a afirmar que la película es un desacato moral a la dignidad de su comunidad, porque “no es más que la versión de un hombre blanco de lo que es la vida de un hombre negro” y han llegado a plantear un boicot a la misma

Green Book nos brinda la historia basada en hechos reales de dos hombres de mundos diferentes cuyos caminos se cruzan en 1962. Tony “Lip” Vallelonga interpretado por Viggo Mortensen, que llegó a ganar 20 kilos y a adoptar un acento goombah (jerga con connotaciones mafiosas y de las pandillas de origen italiano en Estados Unidos) para interpretar al, entre portero y encargado, del Copacabana.  Cuando el legendario club cierra por reparaciones, necesita un trabajo y se acaba en las instalaciones palaciegas del famoso pianista Dr. Don Shirley que necesita un chófer que le lleve a una gira de conciertos desde Manhattan hasta el sur profundo. Enfrentados al racismo, deben confiar en “El Libro Verde” y a dejar de lado las diferencias para sobrevivir y prosperar en el viaje de su vida.

Muchos de los detalles de la película, comidas ruidosas y abarrotadas en casa de Tony; las conversaciones el Cadillac DeVille; tanto pollo frito, Little Richard; el vínculo inevitable que se desarrolla entre estos hombres diametralmente opuestos… resultan tan familiares y deshilachados que más parecen un refrito a base de tópicos prestados por cualquiera series de televisión al uso o películas como Paseando a Miss Daisy, Criadas y señoras, Intocable. y hacen que sobre el papel la trama no parezca especialmente atractiva. Pero inesperadamente, a partir de piezas usadas, Farrelly ha logrado ensamblar un luminoso deleite y junto a Mortensen y Ali, manejan una alquimia loca que te atrapa, te arrastra por el viaje y te hace sentir agradecido por cada uno de los 130 minutos de esta película.

Los personajes extremadamente peculiares rompen radicalmente el tópico. En la América de 1962, en el Bronx, el mismo y en la misma época que De Niro refleja magistralmente en Una Historia del Bronx (1993), Tony “Lip” Vallelonga es un empleado de un mítico club, honrado, trabajador y familiar. Siempre tuvo fama de saber cómo moverse en situaciones complicadas. Desde los ocho años, se le conocía como Tony Lip por su locuacidad y capacidad para convencer a la gente de que hiciese lo que él quería. Un hombre sencillo de fuertes convicciones y pocas sutilezas al que le bastan su familia, sus amigos y vecinos para llevar una existencia satisfactoria.

Por otro lado, Donald Walbridge Shirley (Don Shirley) era hijo de una maestra y un sacerdote episcopal que comenzó a tocar el piano a los dos años y a los nueve fue invitado a estudiar teoría musical con Mittolovski en el Conservatorio de Leningrado. También estudió con Conrad Bernier y Thaddeus Jones en la Universidad Católica de América, donde obtuvo el título de grado en 1953. Después de abandonar el piano durante un tiempo, Shirley obtuvo un doctorado en psicología en la Universidad de Chicago.

Si no se tratase de una historia real parecerían forzados, irreales, poco creíbles. El chófer, bruto, inculto y malhablado es el blanco. El señor, cultivado, impecable y remilgado, sentado en la trasera del Cadillac y con una mantita sobre sus piernas, el negro. Esta paradoja se hace patente en uno de los diálogos más brillantes de la película en el que Shirley se queja de su situación de negro y Tony, tras comparar el modo de vida de los dos le espeta “yo soy más negro que usted”.

Mortensen y Ali interpretan magníficamente a dos personajes con más claroscuros de lo esperado, sobre todo Ali, que compone un Don Shirley memorable lleno de matices en su forma de enfrentar el drama, los fantasmas del alcoholismo, o el propio hecho de ser negro y vivir desconectado de los conflictos de la gente que le rodea. Farrelly parece apuntar, hacia algunas dianas interesantes planteando el debate sobre qué significa ser una persona racializada, sobre la relación entre raza y clase o sobre la necesidad de compartir el trauma para enfrentarlo.

Si Mortensen ganó 20 kilos y aprendió a expresarse en goombah, Mahershala Ali no sólo debía aprender a tocar, al menos a un nivel básico, sino que tenía que aprender a sentirse como se sentía Don Shirley en el piano. Para ello con ayuda del responsable e la música de la película Kris Bowers. Durante los tres meses que precedieron al rodaje de la película, Ali aprendió a moverse, a deslizarse sobre las teclas a colocar el cuerpo y moverlo cuando y como tocaba. Aprendió a tocar el piano y a ser un virtuoso sin llegar a serlo. El resultado es que en los planos medios y largos es el propio Alí quien interpreta la escena, mientras que en los cortos centrados en las manos y el teclado Kris Bowers ejerce de doble.

Otra de las curiosidades que he descubierto documentándome sobre la película ha sido descubrir que tras la aventura que narra Green Book, Toly Lip conoció a Francis Ford Coppola que quedó prendado de su forma de ser y le ofreció un pequeño papel en una película que estaba preparando: El Padrino. Desde aquel momento,  Lip se convirtió en actor interpretando secundarios de películas como Toro Salvaje, Tarde de perros o Uno de los nuestros y dejando memorables personajes como el Philip Giaccone de Donnie Brasco o el impresionante Carmine Lupertazzi de Los Soprano.

Green Book es una buena película que juega impecablemente con la fórmula segura de ofrecer al espectador lo que quiere ver. Fórmila que no siempre funciona pero que aquí cuenta con Vigo Mortensen y Mahershala Ali como ingredientes infalibles, y la química evidente entre ambos y Farrely. Una película amable, sin otra pretensión que agradar, que recuerta en cierta manera a la obra de Frank Capra que sin duda habría firmado el feliz desenlace con todos unidos, comprensivos, pletóricos, antirracistas y entrañables en la sagrada noche de Navidad.