Amigos de concierto

Leiva

Leiva

Cuando comenzó la semana, yo tenía planeado ir a dos shows muy distintos y escribir sobre cada uno de ellos de forma independiente. Hasta ahí, todo dentro de lo lógico. Pero finalmente he acabado recordando por qué y cómo empecé a engancharme a la música.

El miércoles 27 fui a ver por primera vez a Luis Ramiro a la Sala Galileo. Me habían invitado y no había escuchado nada, intencionadamente, de este cantautor madrileño. Prefería que el primer contacto con él fuera en el directo.

Es raro ser la chica nueva en una parroquia ya formada. La sala, que estaba llena, reunía a una audiencia variopinta que iba de hippies a pin-ups. Cuando actuó el telonero confieso que comencé a agobiarme, aquella iba a ser una noche muy larga. Incluso mi acompañante me preguntó cómo se me ocurría ir a un concierto de alguien de quien no había escuchado una sola nota ni un solo verso. Esgrimía las razones habituales (deformación profesional, hay que probar de todo) mientras que simplemente pensaba: “porque la amistad es esto”.

Y cuando el cantautor salió al escenario acompañado por su guitarra y por Alejandro Martínez al piano (más tarde su productor Juancho Guevara le acompañaría en los últimos temas dándole un aire más rockero sin dejar el sonido acústico), descubrí que mi actitud encajaba con el ambiente. Con el espíritu del concierto y las letras.

A pesar de la frialdad de la audiencia en la canción inicial, y de un tono excesivamente melancólico al piano que hizo que todo se ralentizara, comprobé que pronto la gente se subía al carro y coreaba los temas. El tono nostálgico de las letras (2002, Te amo, te odio, El monstruo del armario) contrastaban con el suyo, de niño travieso que acaba de hacer alguna fechoría. Un sentido del humor rápido, con guiños a los habituales que a mí, como no iniciada, me arrancaban las carcajadas de quien los oye por primera vez.

Leiva - Directo en La Riviera

Leiva – Directo en La Riviera

Y aquella noche de agosto, en pleno centro de Madrid, gracias a la música, rejuvenecí 20 años, cuando muy lejos, a la orilla del mar, me daban las gracias por cantar y disipar la soledad de un escenario de otro cantautor, en ese caso uruguayo, que comenzaba a abrirse camino en España. Cuando viajaba 300 kilómetros sólo por una sonrisa cómplice y una canción. Para escuchar largas explicaciones, porque, como suele pasar, un cantautor con 30 años habla para explicarse, con 40 para aclarar lo que igual no quedó claro. Y con 50 para coger aire. ¿No era así, Ismael? Volví a sentir ese rubor y la candidez de una adolescencia perdida en los jirones del tiempo.

El otro concierto que me esperaba, el viernes 29, era de un corte muy distinto. Leiva volvía a Madrid (en este caso a San Sebastián de los Reyes) acompañado de Los Zigarros y de la banda de su hermano Juancho (Sidecars, que cada vez se parece más al tono del ex Pereza tanto en voz como en gestos sobre el escenario). Y por esas cosas que pasan en la vida, no tenía ganas ningunas de ir.

Pero la dignidad profesional, y una frase que me dijo el que fue mi primer amigo de concierto, acabé yendo. “El flaco nunca decepciona en directo”. Y es cierto, Leiva tiene su punto fuerte en el contacto con el público. Y no decepcionó. Ni a mí, que ya había visto varios shows de la gira, ni a las dos chicas que por causas y azares acabaron acompañándome. No las conocía de nada, nos encontramos allí y, en este caso, eran ellas las que vivían su primer concierto, y yo la que ya venía escarmentada. 17 años y la inocencia en la mirada de quien vibra con cada nota.

Disfrutamos de las dos bandas iniciales, ambas sonaron muy bien y calentaron al público para lo que sería el plato fuerte de la noche. Esa figura alta y desgarbada, ese tipo escurridizo e hipocondríaco que posiblemente esté haciendo con Pólvora la gira del año. Y que está perfectamente arropado por su Leiband que aquella noche parecía salida de Mira quien baila porque no pararon de animar y animarse desde el primer tema hasta el último incluyendo su presentación durante Ciencia ficción.

Leiva - Presentación de Pólvora en la FNAC

Leiva – Presentación de Pólvora en la FNAC

Y yo, que ya me conocía el repertorio, que combina perfectamente los temas más rockeros y duros con las baladas, iba anticipándolos hasta que, como en las mejores películas, el argumento dio un giro inesperado. De Animales, tema de Pereza que es una rampa de lanzamiento para Mi mejor versión o la fantástica Palomas, en la que ha vuelto a colaborar con Quique González, y después de Afuera en la ciudad, antes de recuperar Como lo tienes tú o Superhermanas, ambas de su anterior grupo, el flaco decidió sorprender a todos volviendo a cantar un tema que había sacado del repertorio hacía mucho pero que ese día se había levantado con ganas de tocar. Amelie. Y luego seguía Por mi tripa.

Y volvió a pasar una de esas cosas que sólo pasan en un concierto. Dos personas a las que no conoces de nada, que probablemente no volverás a ver, te pasan una mano por encima de los hombros cuando estás a punto de romper a llorar porque eso de que seas de esas, que nadie recomienda te suena demasiado dentro. Y compartes el calor y las sonrisas y las emociones y por un segundo, por dos horas de espectáculo, hasta que de nuevo enlazadas por los hombros coreáis aquello de la reina de los tejados… de Lady Madrid (tema sin el que el concierto parecería incompleto, como pasa con Terriblemente cruel, que en un golpe de efecto se ha reservado para el segundo bis), sois las mejores amigas. Amigas de concierto.

Así que gracias, gracias a todos los que en algún momento me habéis recordado que la música es emoción. Gracias a Leiva, a Alba y Elena. Y gracias a los cantantes, que no mueran nunca los cantantes, por dejarnos vivir esos momentos en los que nos sentimos menos solos.

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