La pirámide inmortal

Javier Sierra Foto: Asís G Ayerbe

Javier Sierra
Foto: Asís G Ayerbe

He de confesar que comencé a leer este libro con una cierta reticencia. ¿Una reedición?. Leí El Secreto egipcio de Napoleón después de La cena secreta y El maestro del Prado, alterando obviamente el orden cronológico. Es natural que después de las dos mejores obras de Javier Sierra, lo encontrase en comparación algo floja, pero de todos modos muy buena novela. Muy en la línea del autor. A priori no encontraba justificación para esta nueva edición. De hecho, llegué a comenzar su lectura en paralelo con El Secreto egipcio, para comparar ambos textos. He de confesar que sólo aguanté un capítulo. Ciertamente el tema, los escenarios, casi todos los personajes son los mismos, pero se trata de dos obras completamente diferentes. No es una reedición, sino un replanteamiento radical.

En diversas entrevistas publicadas a raíz de la presentación del libro, Javier Sierra expone varios motivos que le llevaron a tomar esta decisión, “mi creciente impresión de que la historia de aquel viejo libro no había terminado de contarse porque yo no estaba maduro para hacerlo” (RTVE). “Tenía la sensación de que había tramas y personajes que no estaban bien cerrados e incluso una sensación de exceso, había volcado demasiada información”. (ABC). “En aquella novela hablaba mucho de la obsesión de Napoleón por la muerte y sin embargo no había ni pizca de amor. En esta he querido equilibrarlas”. (Periódico de Aragón). La magia del antiguo Egipto consistía en vencer a la muerte utilizando el amor por eso el autor introduce en esta nueva edición a una bailarina que dará pie a una relación amorosa. “Para ello me he inspirado en el mito de Isis y Osiris y estoy muy satisfecho de haberlo hecho”.

Probablemente de haber seguido con mi lectura paralela de ambas obras sería capaz de comprobar si ha conseguido los objetivos que se planteaba, pero el mero hecho de hacerme desistir en mi empeño para centrarme en la historia y conseguir que me la haya leído de un tirón me sugiere que, al menos conmigo, ha acertado plenamente.

Napoleon Bonaparte,  1798 Rene Chartrand colleccion del Colleccion Militar, Brown University, USA

Napoleon Bonaparte, 1798
Rene Chartrand colleccion del Colleccion Militar, Brown University, USA

La novela contiene todos los elementos que hacen de Sierra uno de los escritores españoles con más tirón. Emoción, misterios, grandes preguntas y respuestas inesperadas, alquimistas, magos, bailarinas o los maestros antiguos están presentes, aunque con un equilibrio más refinado que en la anterior. Encuentro menos misterio y más historia, más rigor. Algo que parecía imposible en Javier Sierra, que, a diferencia de Dan Brown con el que injustamente se le compara con demasiada frecuencia desde La cena secreta, a todas sus obras las precede un exhaustivo y minucioso trabajo de documentación que vierte en ellas en un admirable ejercicio de fidelidad a los hechos y honradez hacia el lector. Esto es así hasta el punto que para verificar la experiencia del pasaje indocumentado de la presencia de Napoleón en Egipto, su noche en la gran pirámide que centra la historia de la novela, Sierra se las ingenia para pasar su propia noche en la pirámide. “Fue una experiencia de casi muerte. La sensación que tienes es la de estar disolviéndote en la oscuridad. (…/…) La experiencia de emerger de la pirámide yo la equiparé en mi imaginación con salir del útero materno”.

Incluso aborda la cuestión religiosa desde el más profundo respeto y fidelidad a las fuentes, la iglesia copta, la presencia de Napoleón en Nazaret, la historia de Nadia la Perfecta, la traducción del evangelio secreto de Marcos, y otros muchos detalles tienen su relevancia en el resultado final de la narración y, a la vez, ponen de manifiesto de nuevo la rigurosa documentación y el amplio conocimiento por parte del autor de los temas abordados como su conocimiento sobre los primeros escritos cristianos y la interpretación bíblica y apócrifa

Sierra no duda en considerar esta novela como: “mi libro más personal y mi mejor libro”. Una obra que va a ser traducida en lugares de todo el mundo porque “cuando cuentas una historia que es universal es fácil que te lean en todas partes. Lo importante son los mimbres: el amor, la muerte, Napoleón y Egipto son mimbres universales”.

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