Nos hizo diferentes

bola_cristal--644x36230 años. El tango dice que 20 no son nada. 30 casi toda mi vida. No recuerdo nada del golpe de estado, debía estar en mi cuna. Tampoco de Naranjito, aunque los álbumes familiares demuestran que alguna camiseta tuve.

Aún no habían consolas, ni casi pc’s y con teléfonos móviles ni soñaban nuestros padres. Sólo había dos cadenas de televisión que ni siquiera emitían las 24 horas. Los mayores comenzaban a escuchar pop y rock que no sólo se hacía fuera, comenzaba a hacerse también aquí. Y nosotros los teníamos a ellos. A los electroduendes.

 

Los Electroduendes

Los Electroduendes

Eran ácidos e irreverentes y nos trataban como adultos. Hablaban de todo, sin tabúes ni ambages. Nos enseñaron muchas cosas. A razonar, a escuchar música, a decir lo que pensábamos. Incluso lo que estaba bien y estaba mal. La Bola de cristal nos indicó a muchos el camino a recorrer.

La oferta televisiva de los ’80 era muy reducida si la comparamos con la actual. Pero en calidad gana. Por goleada. Cuando menos, era distinta. Si hoy viajamos y, en cualquier parte del mundo, conectamos la televisión en horario infantil es probable que veamos series similares que, en todo caso, se diferencian en el idioma. Es parte de la globalización, del cambio de mentalidad. De la aceleración de los ritmos de vida o de la tecnologización cada vez mayor de la sociedad. O, simplemente, que es más barato (e infinitamente más cómodo) dejar la creación y producción a otros y limitarse a criticar a los japoneses por el crecimiento de la violencia infantil y juvenil.

Olvido Gara, "Alaska", presentadora del programa

Olvido Gara, “Alaska”, presentadora del programa

Entonces, en el 84, teníamos que esperar a las 7.00 para que comenzara la emisión televisiva. Aunque a los electroduendes nunca les gustó madrugar. Lo suyo era la media tarde. Con el bocadillo de nocilla o atún después de las clases de la tarde. Porque aún había clases por las tardes. Tampoco les gustaba levantarse temprano a Alaska, Loquillo, ni a los hermanos Auserón. O a Javier Gurruchaga. Todos participaban en un programa para niños. Sí, para niños.

Kiko "Frankenstein" Veneno

Kiko “Frankenstein” Veneno

Allí fue donde escuché por primera vez La chica del pupitre de atrás y me enganché a aquel tipo con tupé y cazadora de cuero roja. También caí enamorada de la moda juvenil. Despertaron mi inquietud, mi curiosidad, por la música que posteriormente cultivaría, creciendo con Tocata.

De la literatura se encargaba el programa que le seguía. Iban en pack. Tras el baño de realidad de La bola de cristal, Flip nos invitaba a soñar. El planeta imaginario, que comenzaba con el Arabesque de Debussy (esto lo descubrí después, pero mucho antes de Crepúsculo), nos invitaba a soñar.

Luces negras, reinos fantásticos, decorados imposibles y unos guiones muy cuidados. El programa parecía sacado de las cabezas de los mismos Comediants que corearon El dimoni (el diablo) y La nit (la noche).

El Planeta Imaginario

El Planeta Imaginario

Los dos programas estaban producidos por Televisión Española. Va en.opiniones, pero no creo que tuvieran, sobre todo el segundo, nada que envidiar a los contenidos tan exportados de la BBC. Y digo el segundo porque era más convencional. Porque no creo que fomentar el espíritu crítico como hacían en La bola de cristal fuera, precisamente, despreciable.

Hizo que mi generación, o al menos la parte de ella que quiso, supiera lo que había fuera de las paredes de su salón, más allá de lo que le pudieran enseñar en casa. Nos permitió despertar nuestra ironía y abrir nuestras mentes. Anticipó lo que luego aprenderíamos en la calle y con los amigos.

Javier Gurruchaga

Javier Gurruchaga

Loquillo

Loquillo

Una televisión pública que posiblemente resultaba más cara pero que, de igual manera, encontraba más ciudadanos dispuestos a pagarla (los británicos siempre pagaron por su Barrio Sésamo). Más que los que financiarían esa que se llena con programas como Las mañanas de la 1 (mataría por saber lo que le haría la Bruja Averías a Marilo Montero), Entre todos o Los Lunnis (una de las peores copias de los Teletubbies que he visto).

Unos programas que nos permitieron crecer y desarrollarnos. Aprender y divertirnos. Disfrutar de ser niños sin que nos tomaran por tontos. Aunque en estos tiempos de lo políticamente correcto esa frescura podría ser teñida de machismo o apología de la violencia.

Pero si me lo preguntan y miro como crecimos y como crecen…

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