Rinoceronte

cartel-rinoceronte6-wpcf_300x427De nuevo en Madrid, y cómo no, aprovechando para devorar teatro. En esta ocasión con Ionesco y su Rinoceronte en el María Guerrero, segunda de las funciones que he disfrutado en mi corta estancia en la capital, de la otra, Fausto, nos hemos hecho eco en Sangre, humo y sombras.

Se trata probablemente de una de las obras teatrales más conocidas del creador, que es junto con el irlandés Samuel Becket, paradigma del teatro del absurdo, empleando elementos cómicos y dramáticos para definir el desasosiego existencial que implica una tragicómica inquietud sobre el comportamiento humano.

Rinoceronte, una potente fábula dramática escrita en 1959, se ambienta en una pequeña ciudad en la que sus habitantes se van convirtiendo paulatinamente en rinocerontes hasta quedar sólo Berenguer (Pepe Viyuela), que se resiste a sucumbir a esta epidemia. Al final, consciente de que su incapacidad de adaptación le aboca a 02_0169_2la soledad y a la marginación proclama su resignada condición de resistente. Como indicó Ernesto Caballero (adaptador y director de esta versión): “el que se convierte en resistente se ve abocado a la soledad y a la marginación, como el protagonista de esta obra”. Una perspectiva tan válida en su día como en la actualidad, porque, añade el director “El humanismo y la conciencia individual corren el riesgo de ser aplastados por arrolladores fenómenos de masas de muy distinto pelaje”, y más cuando los rinocerontes sin espíritu crítico creen vivir, porque así se lo dicen los interesados, en una democracia.

14187587705352La obra se divide en tres actos con el segundo dividido en dos escenas y el tercero en cuatro, aunque con un sólo escenario. La escenografía de Paco Azorín, es magnífica y, quizá, algo desaprovechada a partir de la segunda escena del segundo acto. En realidad es la obra la que decae un poco a partir de este momento. Tras un comienzo y un primer acto trepidantes en el que el patio de butacas se convierte realmente en una plaza de una tranquila pequeña ciudad en la que los actores consiguen rápidamente la complicidad del público integrándolo en la trama, la segunda escena del segundo acto y el tercero se centran en el escenario, con un brusco cambio en la trama, pasando de una acción vertiginosa a unas escenas con densos diálogos entre dos personajes, con lo que Ionesco rompe drásticamente la trama y obliga al público a centrarse en profundas reflexiones sin previo aviso. No obstante la maestría de los actores contribuye a mantener el interés del auditorio.

Especialmente intensa me ha resultado la segunda escena del segundo acto que se desarrolla en la habitación de Jean (Fernando Cayo) en la que se produce un apasionante  y memorable duelo interpretativo entre éste y Berenguer.

rinoceronte11Ya tuve el enorme placer de disfrutar de Fernando Cayo en el papel de homosexual en Los hijos de Kennedy de Robert Patrick, aparte de sus apariciones televisivas y cinematográficas, y me confirmo en mi opinión de que está llamado a ser uno de los grandes del teatro. Es un verdadero animal de la escena que devora a los personajes que interpreta, o se deja devorar por ellos, en cualquier registro o papel en el reparto, ya sea figurante o protagonista. La transformación en rinoceronte que ejecuta en esta obra da muestras de su calidad como actor.

Tampoco me ha sorprendido Pepe Viyuela aunque sea la primera vez que lo veo en teatro. Polifacético actor, payaso y humorista, de esos de los que el nombre puede que no suene, pero cuya gran sonrisa, incluso en las situaciones más desastrosas, forman parte de nuestra memoria visual. Aquí defiende con tino el personaje principal de la obra, Berenguer, personaje, en apariencia, blando que pasa la vida un poco como sonámbulo. Su aspecto es el de un hombre cansado que bebe más de lo necesario, sin duda lo hace para darse animo y fuerza de voluntad. Viyuela lo interpreta con solvencia y consigue transmitir la evolución que Ionesco imprime al personaje a lo largo de la obra.

Si bien ambos actores que comparten el peso de la función están espléndidos en sus interpretaciones, una vez finalizada me queda la curiosidad de saber si no hubiese sido más interesante un intercambio de papeles. No por la capacidad interpretativa de los actores, o precisamente por eso. Me hubiese gustado ver a Viyuela hacer gala de todo el histrionismo de que es capaz como Jean, y a Cayo pasar de la indolencia a la resistencia de Berenguer.

rinoceronte31El resto del elenco no les anda a la zaga. Sin ser una obra coral, el montaje de Caballero requiere un nivel que el reparto supera con creces. Fernanda Orazi borda a Daisy, el amor de Bernard, que representa la cordura, la sensatez y que acaba sucumbiendo a la epidemia. Mona Martínez protagoniza un inicio de la obra impactante implicando al público de tal manera que consigue que más de un espectador entre al trapo y la ayude a buscar su gato. Paco Déniz da forma impecablemente en su papel de Lógico a uno de los símbolos de la crítica de Ionesco . Juan Carlos Talavera está espléndido en la piel del Sr. Papillón y protagoniza otro de los diálogos memorables con Bertrand. Y destaco, para mi gusto sin desmerecer al resto de secundarios, a Janfri Topera en el papel de Botard, el sindicalista, que forma parte y da continuidad a ese largo etcétera de grandes eternos secundarios sin los cuales la escena española carecería de la calidad y la fuerza de que disfruta.

Rinoceronte de Ionesco, una obra de las que hay que ver, y que, hasta el 17 de febrero podrás hacerlo en el Teatro María Guerrero de Madrid del Centro Dramático Nacional.

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