Una historia de amor desdibujada por el recuerdo

Patrick Modiano

Patrick Modiano

portada-mas-alla-olvido_grandeAlfaguara me ha propiciado estas navidades un venturoso encuentro con Patrick Modiano al publicar, coincidiendo con la concesión del Nobel de Literatura, Más allá del Olvido.

La novela transcurre de la mano del narrador que mira treinta años hacia atrás, en un momento en que, después de haber abandonado sus estudios, se dedica a la venta de libros de arte antiguo para salir del paso y conoce a Gérard Van Bever, adicto al juego, y Jacqueline que sueña con ir a Mallorca. Se enamora de Jacqueline y que escapan juntos a Inglaterra donde comparten un par de meses. Tristes, sin rumbo, hasta que un día ella desaparece. Quince años más tarde vuelven a encontrarse en París. Un reencuentro que sólo recuerda la inaccesibilidad inquietante del pasado. Tras pasar unas horas juntos, Jacqueline, ahora casada, desaparece una vez más. Casi quince años después la ve de nuevo, en esta ocasión desde una distancia que decide no salvar.

He de reconocer que hasta este momento no conocía nada de Modiano. Tampoco soy muy dado a dejarme llevar por acontecimientos como la concesión de premios o reconocimientos literarios marcados, las más de las veces, por criterios comerciales y suelo prestar más atención a mi librero de guardia o a mis compañeros de viaje literario. No obstante, en esta ocasión, indagando sobre las novedades editoriales para el año que se avecinaba encontré este título que me suscitó cierta curiosidad, y dado su tamaño, apenas 168 páginas, me enfrasqué en su lectura.

A pesar de su brevedad, no me ha parecido una novela sencilla de leer. Está envuelta en detalles, matices, aparentemente insignificantes pero que, a medida que avanzan las páginas van dibujando una atmósfera que, en realidad, es lo que importa. Precisamente es esa capacidad para evocar. La precisión y claridad con que describe las calles, portales, plazas, bares… de París o Londres en cada pasaje manteniendo en el conjunto de la obra el ambiente onírico. Algo así como las distintas variantes que Magritte desarrolló de un mismo motivo pictórico en la serie El imperio de las luces. Una vida por encima de la nada, del olvido de cosas y personas, suspendida en el recuerdo de unos meses, antes de los cuales no había nada, y de los que después no quedaba mucho más. Unos personajes perdidos por las calles de la ciudad que son un símbolo más de la profunda desorientación, de la incapacidad para encontrar un lugar en la vida donde sentirse protegido.

No me resisto a compartir un pasaje de la obra: “Habría mezclado los papeles, como en un juego de naipes, y los habría dispuesto sobre la mesa. ¿De modo que aquello era mi vida presente?¿Todo se reducía para mí, en aquel momento, a unos veinte nombres y direcciones dispares cuyo vínculo era yo?¿Qué tenía yo de común con aquellos nombres y direcciones? Me encontraba en medio de uno de esos sueños de los que sabemos que podemos despertar en cualquier momento, cuando los peligros asechan. Si así lo decidía, podía abandonar aquella mesa y todo se desharía, todo se perdería en la nada”.

Me parece una novela conmovedora, extraña, delicada y, en ocasiones, tristemente hilarante, en la que es preferible resistirse a la tentación de liquidarla de una senada y disfrutar de una lectura pausada gozando su dulzura, su paciencia y su modesto lirismo.

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