Sergio y Estíbaliz, la ternura hecha canción

2888764690_452dce471aSe hace difícil pensar en el uno sin la otra. Para una, cada vez más afortunada, generación siempre han sido y serán Sergio y Estíbaliz.

Se conocieron en el sesenta y ocho en un concierto. Ella con dieciséis años, él con veinte. Estíbaliz ya flirteaba con el mundo de la música formando parte con sus hermanas Amaya e Izaskun del trio vocal Las hermanas Uranga que actuaban en la Universidad y bares de Bilbao. Poco a poco, hermanos y amigos fueron acompañándoles a los ensayos, hasta que en 1968 formaron el grupo Voces y Guitarras, que más tarde se convertiría en Mocedades.

En 1972 abandonaron el grupo para formar el dúo Sergio y Estíbaliz, imprimiendo un estilo muy personal a sus temas, entre el pop y el folk, con el que pronto abandonarían la estela de Mocedades. La pareja irradiaba ternura y romanticismo. Estíbaliz con un aire hippy de largas trenzas mientras Sergio se derretía a su lado, siempre en segundo plano, con miradas arrobadas. Fueron sin duda la nuera y el yerno que todas las suegras soñaban para sus hijas e hijos.

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Eran buenos tiempos para la música, aquella que se desarrolló a caballo entre la dictadura de Franco y la llegada de la democracia. Cuando los niños bien se iban a Londres a comprar discos de los Beatles y los Rolling, los menesterosos del Norte buscaban a Paco Ibáñez en el Olympia en Perpignan y en el sur oíamos el rock de la emisora de la base de Rota en radio-cassettes de contrabando traídos de Ceuta o Gibraltar. Fueron los años de Libre de Nino Bravo; Soy rebelde de Jeanette; Pedro Navaja de Rubén Blades; Gracias a la vida de Mercedes Sosa; Mediterráneo de Serrat; Volando voy de Kiko Veneno; … Víctor Manuel, Alberto Cortez, Mari Trini, Miguel Bosé, Aute, Raphael, Miguel Ríos… La gran época del pop – rock español de la que sin duda formaron parte indispensable Sergio y Estíbaliz.

Nunca destacaron ni fueron súper estrellas, tampoco lo pretendieron. Su carrera fue discreta con grandes éxitos como Volverás, Cantinero de CubaMoliendo Café, o Quien compra una canción, entre otras, y algunos fracasos como Beans o Planeta Tierra. Formaron parte del compromiso con la lucha contra las dictaduras en Hispanoamérica embarcándose en 1989 tanto en el disco como en el espectáculo Misa campesina nicaragüense, junto a Miguel Bosé, Elsa Baeza, Ana Belén o el trío Laredo, trabajo envuelto en bastante controversia porque las letras contenían mensajes guerrilleros e inconformistas. Incluso llegaron a participar en la segunda versión de Jesucristo Superstar en el ochenta y cuatro, interpretando a María Magdalena y a Pedro. En 1993, junto con Amaya e Iñaki Uranga (ex-Mocedades y hermanos de Estíbaliz), y Carlos Zubiaga (antiguo componente de Los Mitos) forman El Consorcio, formación dirigida principalmente a una generación ya adulta, la generación de una época de música en España que no tenía nada que ver con tendencias ni mercados, una época que escuchaba música sólo para su goce sentimental.

sergio-blanco-en-una-imagen-de-archivo-gtres[1]En el panorama musical español, Sergio y Estíbaliz se me antojan como los actores secundarios del cine en España. Pasan desapercibidos, casi anónimos, pero que han sido, y son, imprescindibles, sin los cuales las estrellas de nuestro firmamento musical brillarían mucho menos.

Aunque Sergio nos haya dejado, para esta generación que vive mejor que sus padres y que, lamentablemente, sus hijos, Sergio y Estíbaliz estarán siempre ahí. Como Estíbaliz transmitió con la voz entrecortada al público en un concierto de El Consorcio en Madrid en 2013, en el que Sergio no pudo actuar afectado ya de la enfermedad que nos lo ha arrebatado, “Ahí, en alguna butaca, está mi chico, que no ha querido faltar este día”.

Ahí, en alguna butaca, siempre nos acompañará Sergio.

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