Es más fácil pasar de largo

cartel_periodo-de-reflexionSi la falsa modestia es pecado, Camilo Vasquez debería tener cuidado. Antes de comenzar el ensayo general de Periodo de reflexión, se ponía en pie y rogaba indulgencia para algunos fallos técnicos que aún debían subsanar, a la audiencia allí congregada (amigos así en masculino porque anecdóticamente además de las actrices yo era la única mujer de la sala).

Que yo notara es cierto que hubo un par de ellos, pero tan nimios en comparación con lo que estaba sucediendo en escena que hay que ser muy insensible o muy mezquino para darles valor. Como mujer la obra me pareció impactante, empatizando especialmente con la agente de policía que, por más que lo intenta, no puede comunicarse con la prostituta congoleña a la que intenta ayudar.

Como espectadora, me sentí seducida por una propuesta arriesgada que encuentra en La casa de la portera, espacio donde se representa, su mejor aliado. Porque permite hacer llegar hasta las butacas todos los elementos sensuales (el sonido del agua, el roce de las ropas al vestirse o desvestirse las actrices…) que atraen y al mismo tiempo provocan rechazo. Un rechazo que proviene del tema que se aborda y por la franqueza con la que lo hacen.

_T8A6836Desde que uno entra en la pequeña habitación en la que se desarrolla el primer acto, algo comienza a removerse en el interior por la mirada de Joy (Mikeka Alice N’Shimbi) que ya se encuentra sentada a una mesa con la mirada perdida en el vacío y esperando. Reflexionando. Las cinco actrices (además de ella participan Marta Malone, Viridiana Moreno, Carolina Clemente y Fabia Castro) resultan conmovedoras y despreciables a un tiempo. La realidad es demasiado compleja como para resolverla en negros y blancos.

Tal vez el personaje de Joy sea el que se sitúa en el punto más claro y el de la madamme rumana, interpretada por Malone, el más oscuro, aunque uno no puede dejar de preguntarse qué la ha llevado hasta ahí. A un prostíbulo de carretera que regenta y en el que trabajan Nerea (Castro), una niña fruto de un matrimonio disfuncional y violento que decide escapar de su casa para acabar dedicándose a la prostitución empujada por unos amigos nada recomendables y Gabi (Moreno), una chica sudamericana que sueña con ser cantante aunque con escaso éxito y, probablemente, poco talento.

_T8A6920A ellas las recuerda en su entrevista con una agente de policía Joy (no escapa al análisis que su nombre significa felicidad en inglés, un inglés que ni siquiera la agente de policía que la entrevista habla para comunicarse con ella), una chica a la que su propio marido vendió. Ignoro si es habitual que los agentes que tratan con extranjeros hablen o no idiomas pero esa incapacidad para comunicarse bien podría resumir lo imposible que resulta traducir lo que viven muchas de estas mujeres en su día a día.

En una época en la que la libertad sexual de la mujer está aún en entredicho, en el que se las vuelve a cuestionar por lo que hacen o dejan de hacer, sigue habiendo otras que carecen de la libertad para decidir con quien quieren acostarse o, más bien, que están obligadas a acostarse con quien pague su precio. Que sufren palizas y violaciones en grupo tal y como se critica de otros países que consideramos “subdesarrollados”. La diferencia es que aquí suceden en locales que todos miramos al pasar en viajes largos, en carreteras solitarias, pero de los que no nos solemos preocupar, más atentos a llegar a nuestro destino.

_T8A6990Un texto poco agradable, pero no por ello menos necesario, que empasta a la perfección con el espacio en que se representa dándole ese ambiente antiguo, decadente, recargado y opresivo que uno imagina (confieso que jamás entré en ninguno) de “esos locales de lucecitas” en el que los derechos, el respeto y la libertad se quedan aparcados en la puerta.

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