Epitafios para toda una vida

David Foenkinos Foto: Patrice Normand

David Foenkinos (Paris-1974)
Foto: Patrice Normand

En Charlotte, David Foenkinos narrra la vida de Charlotte Salomon, pintora alemana asesinada en Auschwitz en 1943 a los 26 años de edad y embarazada. No los conocía de nada, ni a uno ni a la otra. Lamentable por mi parte. Bien es cierto que no se puede leer, ver ni oír todo lo que se escribe, pinta o compone, y que probablemente cada cosa va llegando en su justo momento, pero este libro me ha dejado la sensación de que he desaprovechado algo de mi tiempo. Me consolaré,  permítanme la petulancia, aludiendo a Sócrates: Ἓν οἶδα ὅτι οὐδὲν οἶδα(sólo sé que no sé nada).

Me enfrenté a este libro fruto del azar. Nos llegaron dos novedades de Alfaguara y nos los repartimos mi compañera H. y yo, tocándome a mí Charlotte. Venturoso azar que me ha proporcionado unas horas cargadas de sensaciones, sentimientos y emociones difíciles de resumir y transmitir.

Autorretrato - 1940

Autorretrato – 1940

Nada más abrirlo me extrañó enormemente ver que estaba escrito a base de frases cortas. Ojeé varias páginas leyendo algunos de esos pensamientos, en apariencia sueltos y deshilvanados. Comencé la lectura con apatía, con displicencia y con la primera frase me llegó el aldabonazo “Charlotte aprendió a leer su nombre en una tumba”. A medida que iba leyendo, notaba cómo esas frases cortas penetraban en mí, unas veces como dardos certeros, otras acariciaban mi piel como refrescante lluvia de verano. “Es guapa, con una melena larga y negra como las promesas”, “Las palabras no siempre necesitan un destino. Se les permite detenerse en las fronteras de las sensaciones.”. “Pero la noche se va adueñando de ella. Esa noche que hay que esperar, para que pueda ser la última”.

Casi mediado el libro no pude resistirme a buscar en Internet las obras de Charlotte y entonces tomó cuerpo una sensación que venía rondándome al tiempo que leía. Foenkinos no ha escrito un libro, cuenta la vida de Charlotte Salomon como ella misma lo hizo, con una colección de cuadros pintados, ahora blanco sobre negro. No se trata de frases, versos o párrafos, son pinceladas de letras, de  pensamientos. Trazos como los de Charlotte, obsesivos y cortos, dibujados con prisas, con la necesidad de que todo quede terminado. Con la pasión y la ternura de un cuadro de Chagall o Nolde, tan presentes en la obra de la artista.

La noche de los cristales rotos - 1940

La noche de los cristales rotos – 1940

Después de ver y descargar sus dibujos volví a comenzar el libro, desde el principio, alternando lectura y observación de las láminas. Lo recomiendo. Así contó Charlotte su historia en ¿Vida? o ¿Teatro?, a través de 769 aguadas, textos y piezas musicales. Así nos transmite Foenkinos la fascinación que le produjo conocer vida y obra de Charlotte por mera casualidad.

“No es una biografía clásica, es emocional. Quería contar también la historia de mi fascinación hacía una artista que descubrí en una exposición en París”, declaraba el autor en una entrevista para EFE. En este libro comparte sus andanzas y emociones al visitar todos los lugares que su heroína había habitado a lo largo de su corta vida. Hay más personajes en esta novela, unos con más peso que otros, pero todos difuminados, visibles sólo en la medida que sirven para percibir y comprender mejor los sentimientos de Charlotte en cada momento. La guerra está presente, pero no trata de la guerra, ni del nazismo, ni de Auschwitz. Foenkinos ha cuidado mucho no restar un ápice de protagonismo a la artista, y al igual que ella inventó en cierto modo una nueva forma de hacer arte, innovó en su estilo al escribir esta novela con apariencia de poema de versos libres, con aire como de salmo, dotando al texto de una velocidad que transmite el estado anímico de la protagonista, y su fascinación por ella, de la novela al lector.

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