‘Charme’ porteño

Foto: La Espuma de los Días - Helena

Foto: La Espuma de los Días – Helena

Siempre he pensado que envejecer, perdón, hacerse mayor con clase es todo un arte. Si me apuráis, más aún en el mundo de la música. Cuando uno ha tocado un rock and roll en la plaza del pueblo y subido a un coche y dejado pasar la vida puede intentar revivir eternamente esa juventud en sus canciones y seguir manteniendo la misma pose,  que inevitablemente se acaba convirtiendo en una caricatura de uno mismo. Pero Ariel no. Ariel Rot, después de haber hecho historia en el rock en castellano con Tequila y Los Rodríguez, ha demostrado de sobra su solvencia como músico y como letrista. Ha sabido crecer y olvidarse de todo lo accesorio que rodea a la música, como las grupies sobre las que bromeó cuando presentó Pólvora mojada.

Rot se subió solo, acompañado por su piano y su guitarra,  al escenario de la sala Sol.  Pelo plateado, gafas redondas y su impertérrita sonrisa con el público al alcance de la mano. Más tarde se puso una bufanda por el chorro de aire que le caía encima, a pesar del calor que hacía en la sala.  Ha querido la casualidad que yo a Ariel siempre lo haya visto así, solo,  salvo cuando ha tocado con otros (desde con Leiva cantando Lady Madrid hasta junto a Jorge Drexler, en un curioso dúo argentino uruguayo en el que el primero,  invitado a la fiesta, dejaba la primera línea del escenario al segundo).

Pero divago. Decía que yo siempre lo he visto solo y siempre me causa la misma impresión.  Este tío tiene clase. Elegancia. Sin estridencias ni alharacas. Sin necesidad de declararlo a los cuatro vientos. Ha sabido cumplir años y madurar,  como los buenos vinos. Cargarse de memorias y experiencias que enriquecen sus shows y sus temas. Igual es el encanto argentino,  pudiere ser. Y siempre que entro en la sala pienso lo mismo,  a ver cuando lo veo con banda. Y siempre que me voy pienso lo mismo: “¿realmente es necesario?”.  Por muy bien que suene Adiós carnaval.  Quizás algún día debería comprobarlo, aunque no debería tener miedo a tocarla solo.

Foto: La Espuma de los Días - Helena

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Ariel Rot sigue siendo el tipo de siempre pero ahora es capaz de conseguir tanguear Hace calor y tocar una jazzistica Milonga del marinero y el capitán al piano. Con esto quiero decir que los temas de siempre estuvieron,  siempre estarán,  pero estuvieron con la mirada desde el ahora.  Desde la conciencia y la experiencia. El ritmo que ahora imprime a los temas,  quizás por estar solo, es más cercano al jazz,  más sincopado que ese rock que nos hacía saltar.  Sin perderlo de vista pero en constante evolución.

Foto: La Espuma de los Días - Helena

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Es un tipo,  además, que cae bien. Que es capaz desde el escenario de hacer sentir confianza a los que están abajo.  Y recordar. Recordar cuando Madrid era una fiesta y la vida era una fiesta. Como recordaba el cuando en los 80 estuvo en la innauguracion de la sala en la que la pasada noche no cabía un alfiler. Un público cariñoso pero poco cantarín que se emocionaba con Geishas en Madrid o Viridiana. Y con las anécdotas de este casi amigo ya porteño.

Ya sea con banda, digo yo que será así , o solo, y eso lo afirmo, Ariel Rot es un tipo que engancha desde un escenario.  Que tiene eso que solo está al alcance de unos pocos y que ningún manager te puede comprar.  Tiene encanto, carisma y una gran capacidad para arrastrarte a su mundo.  Y a ti, solo te queda disfrutar. Y no, Ariel, no éramos ni osados ni temerarios los que llenábamos la Sala Sol para verte. Más bien era una apuesta segura.

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