El rock de juventud sigue vivo

Foto: La Espuma de los días - Helena

Isma Romero Foto: La Espuma de los días – Helena

Resulta esperanzador. Qué queréis que os diga. Cuando una llega a un concierto y ve a chicos de entre diecimuchos y veintipocos reconociendo a Tom Pety o la Creedence Clearwater Revival y cantando Have you ever see the rain o American Girl. Cuando menos a una, que cantaba eso cuando tenía su edad, le resulta reconfortante, sobre todo porque cuando esa mañana comentaba que iba a ir a un concierto de rock español, de los de toda la vida, el interlocutor me preguntaba si seguía habiendo público para eso. Ahora puedo contestarle, sí, lo hay.

Isma Romero, valenciano, cerraba en la Sala Sol de Madrid la gira de su primer disco. Antes de que todo esté prohibido, tema que interpretaba con el murciano Carlos Tarque (no toda la música en España es capitalina) y que tiene un título que parece propicio en estos tiempos que corren en los que parece que dentro de poco nos van a leer la mente con un escáner para asegurarse que no incumplimos alguna ley.

Foto: La Espuma de los días - Helena

Isma Romero Foto: La Espuma de los días – Helena

Este chico delgado, con rizos y cara un poco a lo Aramis, con una voz ligeramente nasal (típica en el rock español, comenzando por Los Ronaldos) y un sonido más pegado quizás a Tequila, por la energía y la puesta en escena de la banda, por su descaro que caracteriza esa chupa de cuero roja y acabar el concierto sin camiseta, hizo un recorrido por el disco en el que quizás las baladas llenaron la parte central del concierto y se echó en falta, ahí, un poco más de rock que llegaba de nuevo al final, recuperando el tema inicial Nueve años más para cantarlo junto a Ovidi, también valenciano y vocalista de Los Zigarros.

Juancho (Sidecars) junto a Isma Romero Foto: La Espuma de los días - Helena

Juancho (Sidecars) junto a Isma Romero
Foto: La Espuma de los días – Helena

En esa sala, que vio cantar a un jovencísimo Ariel Rot en los 80, en la que toco Pereza en los 90 y que fue el primer lleno de Sidecars en los 2000 (de hecho, Juancho se unía ayer a los invitados y completaba el grupo de amigos que se trajo Romero para su despedida antes de comenzar con el segundo disco del que ya presentó un tema), se continuaba la tradición de ese rock que parece que sigue gustando a los de siempre. Y cuando digo a los de siempre, por una vez, me refiero a la misma franja de edad y no que el público fuera el mismo que escuchaba a Rot, Stivel y los suyos.

Ovidi (Zigarros) Foto: La Espuma de los días - Helena

Ovidi (Zigarros)
Foto: La Espuma de los días – Helena

Era un concierto para pasárselo bien y ellos se lo pasaron y el público también. Llegando en algún momento a subirse al escenario para saltar sobre los brazos extendidos de la audiencia, apretándose contra los tres peldaños que en la sala son lo único que separa a los que tocan de los que corean y que permiten que casi haya que esquivar el mástil de la guitarra en más de un momento. Ritmos ágiles al principio y al final, rifs de los que nunca pasan de moda, letras pegadizas, con un centro de medios tiempos y baladas lentas para dar un respiro. Juventud y mucho camino por delante. Chicas que sienten que son La Chica, chicos que quisieron decir o hacer eso y que no se atrevieron. Lo de ahora. Lo de siempre.

Temo a quienes me ensalzan lo original. ¿Qué es lo original? Si nos ponemos puristas entonces no debería haberse hecho música desde Bach o Mozart. Ni escrito nada después de La Odisea y La Ilíada. Romero dice lo mismo, pero lo dice con sus propias palabras, las de su generación (por si alguien recuerda a The Who).

Carlos Tarque junto a Isra Romero Foto: La Espuma de los días - Helena

Carlos Tarque junto a Isra Romero
Foto: La Espuma de los días – Helena

Quizás por eso, mientras que lo escuchaba no podía evitar recordar mis tardes saltando al ritmo de M Clan (permitidme el inciso de comentar lo curioso que me resultó volver a ver a Tarque encerrado en un escenario tan, tan pequeño en el que el enérgico frontman no podía casi ni moverse) o Platero y Tú hace ya casi dos décadas. Y cuando miraba a mi alrededor veía a la misma gente que me rodeaba a mi cuando lo hacía. Chicos muy jóvenes, chicas entregadas. El público de siempre que sigue vivo y disfrutando de la música en vivo. Y lejos de sentirme mayor me alegraba por ellos y por el largo camino que les queda junto a Romero y otros que como él permiten que esa música que “ya no está de moda” y “ya no vende” siga viva e insuflando energía y ganas de romper con las reglas a los jóvenes. Y el que quiera algo mainstream que lo busque en otro sitio. Yo me quedo con lo que me hace vibrar.

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